“Papi ¿por qué eres tan chino?”. Aniversario n°5 de la muerte de mi papá.

Desde el día de tu muerte te he escrito sin falta todos los días del padre, todos tus cumpleaños y todos los aniversarios de tu muerte. Son tus fechas y es mi forma de conmemorarlas. Una especie de ritual para invocarte. Pero siempre supe que llegaría el día en el que no pudiera cumplir con ese ritual. O no quisiera cumplir con él. También sé que eventualmente va a llegar el día en el que se me olvide. No creo que me pase con el día del padre porque el modelo económico siempre me lo recuerda, pero sé que en algún momento el 7 de junio y el 8 de diciembre van a pasar y no me voy a dar cuenta hasta varios días después. No pienso que esté mal. No sé si significa algo. Pero me llama la atención ver cómo mi duelo va cambiando.

Este junio lo pasé en Chile haciendo trámites. Estuve en la casa con la Dandá, mi mamá y los gatos. No pude escribirte porque tenía demasiadas cosas que hacer y muy poca privacidad y tranquilidad para sentarme a escribir. Me pregunté si, desde alguna parte, estarías molesto por no escribirte. Después recordé que estás muerto y que no puedes opinar nada al respecto. Lo que sí hice fue pensarte mucho. Especialmente porque estaba, quizá, en el mejor lugar para recordarte: en tu casa. Aunque algunas cosas han cambiado de lugar, la Dandá ha mantenido tu oficina casi igual a cómo la dejaste tú. La única gran diferencia es que en tu librero ahora está la urna con tus cenizas. Ese día me puse a revisar tus libros pero no me atreví a tocarlos porque me di cuenta de que la última persona que los había leído eras tú y no quise cambiar eso.

Ahora estoy lejos. Mi vida es muy distinta de lo que alguna vez conociste. Quizá incluso más distinta de lo que alguna vez pudiste imaginar que sería. A veces me pregunto qué pensarías de ella y hace poco me di cuenta de que ahora siempre tengo dos tipos de respuestas a estas preguntas: una es la respuesta del papá moderno y entretenido que fuiste durante mi infancia, y la otra es la del viejo mañoso que fuiste antes de morir. Hace poco me acordé de que te estabas poniendo facho y que habíamos empezado a discutir de política. Poco antes de tu muerte, recuerdo haber pensado que nos estábamos desencontrando. Cuando pienso en tí ¿a quién recuerdo realmente? ¿a quién extraño? ¿cuál de todas esas versiones eres tú?

Hace poco, también, acepté que gran parte de mi vida la viví con el temor a decepcionarte. Tu opinión era la que más me importaba y, cuando querías, podías ser muy severo. Aunque tu muerte me arrancó un trozo y me dejó un hueco, a veces pienso que ese trozo en realidad era una gran carga. Pocos meses después de tu muerte me atreví a irme de la casa, y a veces pienso que es en parte lo que me permitió lanzarme a la vida que tengo actualmente. Otras veces pienso que quizá estoy siendo injusta con tu memoria. Te habías transformado en un viejo mañoso y medio facho, sí, pero siempre apoyaste mis proyectos y mi felicidad. Quizá no fue tu muerte, sino la terapia. Quizá fueron ambas cosas.

Este año, también, he tenido algunos momentos de pensamiento mágico. Conocer al Kyoshiro y construir la vida que tenemos hoy estuvo pobladisimo de casualidades y sucesos improbables. Cuando nos rechazaron de nuestro departamento favorito recuerdo haber pensado “quizá no tiene que ser, quizá es mi papá cuidándonos porque vamos a encontrar un departamento mucho mejor”. Inmediatamente después de esa idea pensé que estaba siendo ridícula. Tu mismo habrías dicho que estaba siendo demasiado cursi. Pero al final efectivamente conseguimos un departamento mejor que todos los demás. Y eso entre muchas otras pequeñas y extrañas fortunas. Mi mamá fue la primera en mencionarlo: “es como si papi los estuviera ayudando”. ¿Eres tú realmente? ¿Puedes ver mi vida de ahora? ¿Qué piensas de ella?

Lo último que quiero contarte es que ahora que vivo acá y he podido ver a un montón de viejos japoneses, a veces me pregunto sinceramente si tus ojos chinos y el resto de tus rasgos habrán sido solo obra de tu herencia aymara. No es que importe mucho, pero me parece curioso. La primera vez que mi mamá vió una foto del papá del Kyoshiro casi le dio un ataque porque encontró que era igual a ti. Es verdad que tienen un aire. Se nota que los dos son buenos pa la talla, con el pelo aún muy negro, los ojos rasgados y la ropa juvenil. Cuando le muestro fotos tuyas al Kyoshiro, siempre me dice “parece japonés”. La otra vez me subí al ascensor del trabajo y el oficinista que iba conmigo no solo tenía tus mismos ojos, sino que tu misma boca y hasta tus mismas arrugas. Me pasa mucho que cruzo miradas con japoneses cualquiera y me recuerdan a ti. Incluso a veces, cuando juego con los ojos del Kyoshiro, fascinantes porque son tan distintos de los míos, me acuerdo de cuando era chica y jugaba con los tuyos: “Papi ¿por qué eres tan chino?” te decía, mientras te tironeaba los párpados con mis dedos infantiles.

Te pienso siempre. Te extraño. Y te quiero mucho. Cata.

Notas sobre “El instinto del lenguaje” de Steven Pinker

Leer este libro fue arduo pero muy, muy interesante. Aprendí un montón de cosas nuevas y encontré argumentos para ideas que tenía pero que solo había podido respaldar de guata. No quiero que se me olvide lo que requirió tanto tiempo y esfuerzo, así que acá dejo un listado de lo que me pareció más importante o interesante.

Notas

  • Este no es un resumen exhaustivo del libro. Hubo partes que no entendí y partes que no me parecieron interesantes, las que no menciono en este texto.
  • La mayor parte de este texto son notas de lo que yo entendí del libro. No soy académica ni tengo estudios ni en lingüística ni en literatura, así que puedo haberme equivocado.
  • El texto incluye ideas propias. En esos casos, señalo cuando son reflexiones mías y no notas de las palabras del autor.

Contenido (así es, este texto tiene índice)

Sobre el lenguaje como un instinto

El libro se llama “The language instinct” porque en él Steven Pinker propone precisamente que el lenguaje es un instinto, con todas las características que implica el concepto de “instinto”.

• De acuerdo a Pinker, el lenguaje es una habilidad innata y universal que absolutamente todos los humanos sanos del mundo poseemos. 

• El lenguaje es una característica evolutiva (se desarrolló a lo largo de nuestra evolución, de a poco) y hoy viene pre-programada en nuestros organismos. 

• Lo anterior implica que el primer idioma de cada persona del mundo no se aprende, sino que se adquiere sin un esfuerzo consciente, gracias a mecanismos cerebrales increíbles que solo están presentes en les niñes humanos desde que nacen hasta el inicio de la pubertad

• A este periodo entre el nacimiento y la pubertad en el que les niñes pueden adquirir idiomas se le llama “período crítico”. Pasado el periodo crítico, las herramientas cerebrales que facilitan la adquisición de un idioma se van perdiendo porque utilizan muchísimos recursos vitales

Esta parte la encontré fuertísima y muy interesante. No pude evitar pensar: ¿qué pasaría si pudiéramos reactivar esa capacidad cerebral a voluntad?

• Después de la adolescencia es posible aprender nuevos idiomas, pero prácticamente imposible usar esos nuevos idiomas como los usaría una persona nativa. No tiene que ver con tener o no la capacidad intelectual para lograrlo, sino que tenemos un impedimento biológico.

• Las lenguas, a ratos, se comportan parecido las especies animales: es posible agruparlas por ancestros en común, que a su vez pueden seguir agrupándose hasta la primera lengua de la existencia, y pueden ir cambiando y evolucionando por factores como el aislamiento de sus hablantes (ya sea por motivos geográficos, políticos, económicos, sociales, y/u otros).

• Tal y como no podemos preservar absolutamente cada especie de animal en el mundo, no podemos preservar absolutamente cada idioma. Aunque los esfuerzos para conservarlos siempre valen la pena, la pérdida de idiomas es natural. Lo que no es natural y es sin duda doloroso y problemático es la pérdida de idiomas de forma precipitada por la colonización, la discriminación, el desplazamiento forzado, y otras formas de violencia.

Las lenguas de señas se comportan exactamente igual que las lenguas orales: se adquieren en la niñez, cambian con el tiempo, e incluso se ubican en el mismo lugar del cerebro que el lenguaje oral. 

Sobre la gramática

• La gramática no es una convención social, sino la manifestación de una serie de mecanismos innatos e inconscientes que vienen programados en todos los seres humanos del mundo.

• Esto se respalda, según Pinker, entre varios motivos, con que absolutamente todos los idiomas del mundo tienen unidades base equivalentes. Por ejemplo: todos los idiomas del mundo tienen sustantivos, adjetivos y verbos, y absolutamente todos los idiomas del mundo siguen una serie de patrones que se repiten, incluso en idiomas radicalmente opuestos como el inglés y el japonés.

Esto no lo puedo explicar en tanto detalle o con ejemplos porque era muy complicado pero eso fue lo que entendí jjj.

• A esto que vendría programado en cada ser humano del mundo se le llama “gramática universal”. El concepto lo acuñó Noam Chomsky y Steven Pinker lo apoya mucho.

Sobre la adquisición del lenguaje

• Gracias a la gramática universal con la que venimos todos los seres humanos programados desde el nacimiento, les niñes son capaces de actos extraordinarios relacionados al lenguaje durante el “periodo crítico” de adquisición del lenguaje (más sobre estos “actos extraordinarios” más adelante).

• Les niñes construyen y adquieren lenguas de forma perfecta sin que nadie se los enseñe y sin aún tener la capacidad intelectual de aprender conscientemente otras formas de conocimiento complejo. 

Les niñes aprenden a hablar y adquieren vocabulario a una velocidad vertiginosa. Pinker describe que muchas personas han tratado de estudiar este ritmo, pero que siempre llega un punto en el que pierden el orden y el control de la investigación porque les niñes empiezan a adquirir palabras más rápido de lo que les investigadores pueden ir dejando registro.

• Las guaguas nacen con una especie de superpoder que les permite distinguir absolutamente todos los fonemas de la existencia. Normalmente muestran preferencia por los fonemas y el idioma que escuchan desde el útero, pero al nacer tienen, de todas formas, la capacidad de aprender cualquier idioma con el mismo nivel de éxito. A medida que la guagua crece, va perdiendo la capacidad de distinguir todos los fonemas y se va especializando en el que será su primer idioma.

• Las guaguas no pueden hablar apenas nacen básicamente porque no tienen los órganos para hacerlo. Los órganos necesarios para la comunicación se desarrollan posteriormente.

Este es uno de los puntos en los que han fallado varios experimentos que han tratado de hacer hablar a monos y otros animales no humanos: sus órganos son simplemente distintos a los nuestros, por lo que la tarea de que puedan comunicarse de forma equivalente es casi imposible.

Lo que sí descarta es que la lengua en común sea la misma que usamos nosotros, porque es ¿mecánicamente? Imposible.

•  A pesar de que nuestra capacidad de lenguaje es innata, la interacción con otras personas es fundamental para la adquisición de una lengua. Al parecer el cerebro de les niñes está todo el tiempo comparando lo que va adquiriendo con las interacciones reales que tiene. 

Un ejemplo que Pinker da para ejemplificar esta situación es el caso de niñes que nacen de mapadres sordos. En estos casos, les niñes pueden aprender sin problemas la lengua de señas que usan sus mapadres, pero para que aprendieran a hablar antiguamente se recomendaba ponerles la tele. Después de un tiempo se descubrió que les niñes no podían adquirir el idioma de esta forma porque la tele no está realmente comunicandose con les niñes, sino que muestra diálogos ficticios y ajenos al contexto específico del niñe.

•  Les niñes tienen la capacidad de crear lenguajes. En el libro, Pinker da varios ejemplos fascinantes. A continuación dos de ellos:

La creación de lo que se llaman “idiomas criollos”: estos suelen crearse en contextos de colonización. Cuando varios adultos que hablan idiomas distintos se ven obligados a encontrar una forma de comunicarse, normalmente crean lo que se llama un pidgin, una especie de “idioma de emergencia” que no tiene reglas gramaticales, es poco consistente, y en el que es difícil expresar ideas complejas. Cuando estos adultos tienen hijes, les niñes toman el pidgin de sus padres y lo transforman, hasta completarlo con lo que hacía falta para que el pidgin se transformara en un idioma 100% funcional, con estructuras gramaticales y reglas lingüísticas consistentes. Idiomas que han nacido de esta forma son, por ejemplo, el criollo Haitiano (mezcla de francés + lenguas de África Occidental), el criollo Hawaiano (mezcla de inglés + hawaiano + chino + japonés + portugués + coreano + filipino) y el Papiamento (español + portugués + neerlandés + lenguas africanas + inglés).

El nacimiento de la lengua de señas nicaragüense: según Pinker, hasta algunos años atrás era común en Nicaragua el mantener a las personas sordas aisladas del resto de la sociedad, por lo que nunca tenían la oportunidad de aprender lengua de señas ni de comunicarse con otras personas sordas. Pero en algún punto de la historia se creó la primera escuela para personas sordas, en la que por primera vez varios niños sordos pudieron interactuar. Al principio, los niños ya eran demasiado grandes para crear un idioma completo pero crearon un pidgin, con el que pudieron empezar a comunicarse. Luego, la siguiente generación de niños sordos aprendió y mejoró ese pidgin, transformándolo en lo que hoy es la lengua de señas nicaragüense. Bastaron dos generaciones y un idioma hecho y derecho nació frente a los ojos del mundo.

Sobre la ubicación del lenguaje en el cerebro y qué implica eso

• Según las investigaciones a las que alude Pinker, pareciera ser que el lenguaje está ubicado en varias zonas aún misteriosas del cerebro. Todavía no existe total claridad de dónde ni cómo, pero lo que sí parece estar claro es que la habilidad de lenguaje funciona de forma completamente independiente a otras formas de conocimiento, capacidad intelectual o “inteligencia”

• Para explicar lo anterior, Pinker da el ejemplo de personas adultas que han sufrido algún tipo de lesión cerebral. Varias de estas personas, después de recuperarse, pueden volver a ser funcionales en casi todos los aspectos de su vida: moverse, pensar en ideas complejas, resolver problemas, etc. etc. pero quedan con afasia, que es un problema neurológico que implica que la persona tiene muchas dificultades para usar el lenguaje, a pesar de que puede entender, usar las partes del cuerpo involucradas en hablar y hacer casi cualquier otra cosa.

• En contraste con el ejemplo anterior, Pinker cuenta también del caso de personas con problemas neurológicos y discapacidad intelectual muy severa, que son capaces de hilar un discurso de forma perfecta usando las estructuras del lenguaje de forma correcta, sin errores gramaticales ni errores de pronunciación, pero que lo que dicen no tiene coherencia. Personas que pueden decir “algo” de forma perfecta, pero que tienen grandes dificultades para comunicarse efectivamente, responder preguntas, aprender a realizar tareas básicas y más. 

• El uso del lenguaje, también, no estaría conectado de forma alguna al nivel “intelectual”, educacional o socioeconómico de nadie. En contraste con la capacidad de leer y escribir, que no son innatas y por ende deben aprenderse conscientemente, la capacidad de usar un lenguaje y comunicarse siempre es innata y perfecta, mientras la persona no tenga algún tipo de lesión cerebral o discapacidad específica.

Es común que algunas personas piensen que personas con menores niveles de educación “hablan mal”. Esto es una falacia. Lo que ocurre es que las personas de niveles socioeconómicos bajos, al igual que las personas de niveles socioeconómicos altos y al final cualquier persona que viva en grupos aislados de otros, lo que aprende es otro idioma (o “dialecto”). Al final, el que una persona hable distinto a otra no implica que ninguna de las dos use mal la lengua. Absolutamente ninguna persona puede “usar mal” su propio idioma. En el libro, Pinker insiste en que este tipo de declaraciones son ignorantes, clasistas y absurdas (más sobre idiomas, dialectos y clasismo, más adelante).

El lenguaje y el especismo

Esta es una sección que me estoy sacando del poto. No sé si a Steven Pinker siquiera le interesa el antiespecismo, pero en el libro hay varios comentarios de Pinker que, para mí, se sintieron bastante antiespecistas y me gustaron mucho, así que los quiero destacar.

(Nota: ¿Qué es el antiespecismo? En pocas palabras, es una postura ética que cuestiona la superioridad asumida de los humanos sobre otros animales y sostiene que los intereses de todos los seres sintientes, independiente de su especie, deben ser considerados moralmente relevantes.)

• Hay demasiadas personas que piensan que nuestra capacidad de lenguaje nos vuelve “superiores” a los demás animales. Sin embargo, Pinker hace varios comentarios al respecto:

En primer lugar, absolutamente ninguno de nosotros tiene ningún mérito en nuestra capacidad de lenguaje. No decidimos adquirir una lengua y nadie la usa mejor que otros. Nuestra capacidad de lenguaje se desarrolló evolutivamente de la misma forma que otras características evolutivas como las pestañas y el pelo en la cabeza. 

Si bien, hasta ahora, la capacidad de lenguaje existiría únicamente en los humanos (de acuerdo a lo que les lingüistas han definido como “lenguaje”, que es muy distinto al concepto de “comunicación”), existen muchas facultades o herramientas o características evolutivas que están presentes en otros animales no-humanos que también son únicas y altamente especializadas. Pinker da el ejemplo de los elefantes. Absolutamente ningún otro animal tiene una herramienta tan especializada, útil y compleja como las trompas de los elefantes. El lenguaje en los seres humanos no es distinto. Y al igual que el lenguaje y las trompas, hay muchas otras facultades que se presentan únicamente en animales específicos.

• Otro comentario importante que hace Pinker es una corrección a una idea muy masificada sobre la evolución. Muchas personas han mal entendido por demasiado tiempo que los seres humanos somos una especie de versión 2.0 de los monos, sin embargo, absolutamente todos los seres vivos que existimos actualmente somos una versión mejorada de un animal que está extinto.

No es que los humanos hayamos evolucionado de los chimpancés y los chimpancés que conocemos actualmente sean una versión menos desarrollada de nosotros. Lo que pasa es que en algún punto existió un animal que no conocemos, pongamosle humanomono, que evolucionó por dos ramas distintas. Una de esas ramas se transformó en lo que es el chimpancés actual y otra en el humano. Todos los chimpancés actuales están al máximo de su especialización para ser chimpancés, tal y como nosotros estamos al máximo de nuestra especialización para ser humanos. 

No somos “más evolucionados” que los chimpancés ni que ningún otro animal que exista. Si hay algo de lo que podríamos ser “superiores” simplemente por ser “más evolucionados” es de ese humanomono que existió alguna vez. Pero no solo nosotros seríamos “más evolucionados” que él, sino que los chimpancés actuales serían igual de más evolucionados que nosotros respecto a ese antiguo antepasado en común. 

Idiomas v/s dialectos y “el uso correcto de la lengua”

Y lo mejor pal final. 

Todo lo que Pinker dice en relación a este tema me apasionó un montón porque desde que soy chica que me obsesiona pegarle un combo en el hocico corregir a las personas, abundantes en Chile, que afirman que “los chilenos hablamos mal”. O que “existen personas que hablan de forma incorrecta”. Respecto a esto, Pinker dice lo siguiente:

• “A language is a dialect with an army and a navy”. “Una lengua es un dialecto con un ejército y una armada”. No hay absolutamente ninguna otra diferencia. Sí, los dialectos nacen de otros idiomas, pero tal y como cada ser humano nace de otro, ambos terminan siendo exactamente igual de completos y complejos. 

• La jerarquización entre idiomas y dialectos no tiene absolutamente nada que ver con linguística, pero sí tiene todo que ver con política. Quienes deciden cuál idioma será “el estándar” y cuáles serán “las variaciones del estándar” (es decir, “dialectos”) son, para sorpresa de nadie, las clases dominantes. En varios casos, el idioma que se considera “la norma”, “el estándar” o “lo correcto” ni siquiera refleja la forma en la que las personas realmente se comunican entre sí. Un gran ejemplo es nada más ni nada menos que el español

(Nota: los puntos a continuación son reflexiones mías a raíz de los comentarios de Pinker, pero no son palabras de él).

En primer lugar, el idioma español se llama así porque proviene de España. Sin embargo, en España no todas las personas tienen el español como primer idioma. Lo que hoy se conoce como “español”, que en la época de mi mamá se conocía más como “castellano”, viene de una parte de España que se llama Castilla. Es ahí donde principalmente las personas adquieren este idioma como primera lengua, pero hay otras partes de España en las que el primer idioma es el catalán, el gallego, el vasco y otros más. Así que, de partida, el concepto del idioma “español” como si fuera “el idioma de España” es complicado.

En segundo lugar, existen aproximadamente 36 millones de personas en España cuyo primer idioma es el español. Sin embargo, en Latinoamérica existimos aproximadamente 470 millones de personas que también hablamos español como primera lengua. Estos números me parecen tan reveladores que quise hacer un gráfico pa dar una idea visual. Y esto ni siquiera considera a las personas que hablan español en EEUU, ni a personas de otros países que también fueron invadidos en algún punto por España, como Guinea Ecuatorial, Sahara Occidental y Filipinas. Mi punto con todos estos números es tratar de dar a entender de la forma más gráfica posible que el idioma que hablamos las personas fuera de España no es el mismo que se usa dentro del país y que es absurdo que entidades como la Real Academia Española sigan pensando que pueden tener algún tipo de autoridad fuera de España, y que personas fuera de España pretendan guiarse por las leyes del idioma que se usa en ese país.Gráfico España vs LATAM

El tema es demasiado más grande de lo que yo puedo abarcar, así que en realidad no aspiro a mucho más que sembrar una idea en alguien. Pero lo que sí me gustaría decir con pasión es: hay que dejar de permitir que personas afirmen que otras personas “hablan mal”. Este comentario es siempre malicioso, violento, desinformado, clasista, racista y otros adjetivos nefastos equivalentes. Y a continuación voy a seguir hablando del tema volviendo a Pinker (los puntos a continuación si son comentarios de Pinker en el libro).

El “mal uso de la lengua” no existe. Absolutamente todas las personas hablan su idioma materno de forma perfecta y este siempre tiene estructuras lingüísticas consistentes, que es lo único necesario para que una forma de hablar pueda ser “un lenguaje” o “un idioma” o “un dialecto”. Quienes insisten en lo contrario son personas maliciosas y/o ignorantes. Y esto no solo lo digo yo, sino que lo dice Pinker.

• El que existan variaciones de un idioma dentro de un mismo territorio llamado “país” es simplemente una manifestación natural de la evolución del lenguaje. Esto pasa porque el lenguaje está constantemente cambiando y la aislación (ya sea geográfica, social, cultural, etc.) suele ser una especie de “acelerador” de cambios en la lengua.

Enfocándome en el caso de Chile (esta vez soy yo otra vez con mis comentarios, Pinker no dice nada de Chile) como la desigualdad económica es tan fuerte, también existe una ¿segregación? ¿separación? ¿división física? socioeconómica inmensa. Los cuicos tratan en su mayoría con cuicos, y los pobres tratan en su mayoría con pobres. Esto genera condiciones perfectas para que el lenguaje solo cambie dentro de estos grupos de personas. Por eso en Chile, y también en otras partes del mundo, la forma de hablar se ve tan marcada por la clase. Esto no sería tan problemático si no fuera porque siempre es el idioma de la clase alta el que pasa a considerarse “el correcto” y los demás usos pasan a considerarse “incorrectos” o “informales”. El que deban existir ciertas normas de estandarización para la comunicación efectiva dentro de un espacio geográfico llamado país es un tema muy distinto a que “alguien hable mal o hable bien”. Así que, la próxima vez que escuchen a alguien decir, normalmente de alguien más pobre o con menos educación, que esa persona “habla mal”, pégale corrígela amablemente y recuérdale que está siendo ignorante y clasista. 

• A muchos puristas de la lengua les encanta decir que “los jóvenes” (siempre son “los jóvenes”) están “degradando la lengua”. Eso tampoco pasa. El lenguaje jamás se degrada. Simplemente cambia. Y todo lo que gana es siempre muchísimo más de lo que va perdiendo de forma natural. Así que, si bien es válido que a alguien le moleste el uso de la palabra “niñes” (incluso a Pinker parece irritarle un poco el concepto de “lenguaje inclusivo”), lamentablemente va a tener que conformarse. No importa cuánto patalee la RAE, los políticos de derecha o quienes crean que existe una especie de “agenda ideológica” detrás de este tipo de cambios, el lenguaje sigue su curso y es imposible controlarlo. Solo el tiempo puede decir qué palabras y conceptos se quedan dentro de un uso de la lengua, y cuáles se van.

Sobre escribir blogs, entender pa dónde va la micro y ser escritora

Tengo blogs desde que tengo como 10 años. Y siempre, siempre, siempre el primer post es sobre el hecho de tener un blog. Y siempre me pregunto: ¿es necesario que escriba esto? ¿tiene algún sentido? ¿siquiera es interesante? Y siempre termino haciéndolo, porque la pulsión es casi obsesiva. Y ahora, en contraste con mi yo de 10 años, me siento vieja y cansada, así que cedo más rápido ante mis propios impulsos obsesivos si es que no van a hacer o hacerme demasiado daño. Qué mal hace una entrada de blog mala más en el mundo. 

Cuando me puse a googlear “cuál es la mejor plataforma para tener un blog” y después “cómo armar un blog en WordPress” absolutamente todos los resultados eran de plataformas que dan consejos de Marketing. “Cómo construir un blog para tu negocio”, “Cómo atraer tráfico a tu plataforma”, “Cómo potenciar tus ingresos con un blog”. Me di cuenta de que los tiempos habían cambiado. Todas las redes sociales fueron reemplazadas por Instagram y todos los blogs personales por blogs que instan a algún tipo de consumo. También me dio un poco de rabia porque por un instante sentí que sin querer había trabajado gratis, porque mi trabajo en Japón es precisamente eso: escribir blogs para atraer la mayor cantidad de tráfico posible. Caí en mi propia trampa, que es la trampa de todas las personas que trabajan en Marketing y se especializan en SEO, que es lo que estoy haciendo yo. 

Quizá me equivoco, pero tengo la sensación de que tener un blog personal sin mayores aspiraciones comerciales es un poco vintage. No sé si alguien vaya a leerme. Es pajero saltar de Instagram al navegador. Tampoco sé cuánto me dure esto. La parte de mi cerebro que trato de controlar con remedios y psicoterapia me dice que estoy siendo weona, pero la parte de mi cerebro a la que los remedios y la psicoterapia le han hecho efecto me dice: está bien probar. No pasa nada. Estás pasando por una nueva etapa en tu vida: es normal todavía no tener muy claro pa dónde va la micro. Incluso si gastaste 200 lucas en comprarte una cámara que hasta el momento has usado una sola vez porque te entusiasmaste con ser vlogger y después te dio una crisis porque te diste cuenta de que editar videos tomaba demasiado tiempo, está todo bien. El mundo está lleno de verdaderas catástrofes. Mis errores mundanos y ansiedades no son más que eso.

Un motivo por el que sopesé harto si hacerme un blog o no fue por mi deseo de ser escritora. Que en realidad casi nunca significa solo “escritora” y casi siempre significa “escritora publicada”. 

Cuando era más chica pensaba mucho en qué significaba ser escritora. En estricto rigor no significa más que “persona que escribe”, pero incluso a mis tiernos 10 años sabía que con escribir en mi cuaderno no era suficiente. En la práctica sabemos que esos títulos se ganan cuando se juega el juego del capitalismo. Ser escritor significa publicar. Publicar significa que tu texto sea impreso por alguien que pueda ponerlo en librerías. Y todo ese proceso implica tratos comerciales entre muchas personas, incluso si la editorial en la que publicas es pequeña y noble como la mía (los quiero mucho Overol). Al final, todos tenemos que jugar el juego. Y así te transformas en escritora. Y en músico. Y en pintor. Y también en especialista en Marketing y un montón de otras cosas más.

Uno de los principales requisitos para postular a un concurso de escritura o convocatoria literaria es que el texto que presentes sea inédito. Eso significa: que nunca haya sido publicado en otra parte. Nunca he entendido muy bien si eso incluye publicar parte del contenido en internet, pero desde que empecé a participar en convocatorias de escritura que, siempre que publico un texto en internet, me acecha la idea: “no importa qué tan bien esté escrito, jamás será publicado en un libro”. Quizá otra vez estoy siendo weona. Hay libros que se han publicado gracias a que les autores tenían blogs o sus textos eran populares en internet. No sé. 

Al final me hice una pregunta más simple: ¿qué es lo que más me importa? y la respuesta es, en realidad, también simple: escribir y que me lean. No hay escritores sin lectores. Y afortunadamente leer se puede hacer en cualquier parte, sin la necesidad de acuerdos comerciales previos ni las páginas de un libro. Así ha sido siempre. Y los mensajes y comentarios entusiastas como respuesta a un texto en Instagram me hacen igual de feliz que los mensajes y comentarios entusiastas por mi libro. Así que quizá no me importa tanto ser escritora, mientras haya alguien en el mundo que quiera leerme.

Me gusta hacer muchas cosas pero, al final, lo que más me gusta hacer es esto. En Instagram hay un límite de 2.200 caracteres. Me hice un blog porque quería poder pegarme mis mucho textos en paz.