Sobre escribir blogs, entender pa dónde va la micro y ser escritora

Tengo blogs desde que tengo como 10 años. Y siempre, siempre, siempre el primer post es sobre el hecho de tener un blog. Y siempre me pregunto: ¿es necesario que escriba esto? ¿tiene algún sentido? ¿siquiera es interesante? Y siempre termino haciéndolo, porque la pulsión es casi obsesiva. Y ahora, en contraste con mi yo de 10 años, me siento vieja y cansada, así que cedo más rápido ante mis propios impulsos obsesivos si es que no van a hacer o hacerme demasiado daño. Qué mal hace una entrada de blog mala más en el mundo.  Cuando me puse a googlear “cuál es la mejor plataforma para tener un blog” y después “cómo armar un blog en WordPress” absolutamente todos los resultados eran de plataformas que dan consejos de Marketing. “Cómo construir un blog para tu negocio”, “Cómo atraer tráfico a tu plataforma”, “Cómo potenciar tus ingresos con un blog”. Me di cuenta de que los tiempos habían cambiado. Todas las redes sociales fueron reemplazadas por Instagram y todos los blogs personales por blogs que instan a algún tipo de consumo. También me dio un poco de rabia porque por un instante sentí que sin querer había trabajado gratis, porque mi trabajo en Japón es precisamente eso: escribir blogs para atraer la mayor cantidad de tráfico posible. Caí en mi propia trampa, que es la trampa de todas las personas que trabajan en Marketing y se especializan en SEO, que es lo que estoy haciendo yo.  Quizá me equivoco, pero tengo la sensación de que tener un blog personal sin mayores aspiraciones comerciales es un poco vintage. No sé si alguien vaya a leerme. Es pajero saltar de Instagram al navegador. Tampoco sé cuánto me dure esto. La parte de mi cerebro que trato de controlar con remedios y psicoterapia me dice que estoy siendo weona, pero la parte de mi cerebro a la que los remedios y la psicoterapia le han hecho efecto me dice: está bien probar. No pasa nada. Estás pasando por una nueva etapa en tu vida: es normal todavía no tener muy claro pa dónde va la micro. Incluso si gastaste 200 lucas en comprarte una cámara que hasta el momento has usado una sola vez porque te entusiasmaste con ser vlogger y después te dio una crisis porque te diste cuenta de que editar videos tomaba demasiado tiempo, está todo bien. El mundo está lleno de verdaderas catástrofes. Mis errores mundanos y ansiedades no son más que eso. Un motivo por el que sopesé harto si hacerme un blog o no fue por mi deseo de ser escritora. Que en realidad casi nunca significa solo “escritora” y casi siempre significa “escritora publicada”.  Cuando era más chica pensaba mucho en qué significaba ser escritora. En estricto rigor no significa más que “persona que escribe”, pero incluso a mis tiernos 10 años sabía que con escribir en mi cuaderno no era suficiente. En la práctica sabemos que esos títulos se ganan cuando se juega el juego del capitalismo. Ser escritor significa publicar. Publicar significa que tu texto sea impreso por alguien que pueda ponerlo en librerías. Y todo ese proceso implica tratos comerciales entre muchas personas, incluso si la editorial en la que publicas es pequeña y noble como la mía (los quiero mucho Overol). Al final, todos tenemos que jugar el juego. Y así te transformas en escritora. Y en músico. Y en pintor. Y también en especialista en Marketing y un montón de otras cosas más. Uno de los principales requisitos para postular a un concurso de escritura o convocatoria literaria es que el texto que presentes sea inédito. Eso significa: que nunca haya sido publicado en otra parte. Nunca he entendido muy bien si eso incluye publicar parte del contenido en internet, pero desde que empecé a participar en convocatorias de escritura que, siempre que publico un texto en internet, me acecha la idea: “no importa qué tan bien esté escrito, jamás será publicado en un libro”. Quizá otra vez estoy siendo weona. Hay libros que se han publicado gracias a que les autores tenían blogs o sus textos eran populares en internet. No sé.  Al final me hice una pregunta más simple: ¿qué es lo que más me importa? y la respuesta es, en realidad, también simple: escribir y que me lean. No hay escritores sin lectores. Y afortunadamente leer se puede hacer en cualquier parte, sin la necesidad de acuerdos comerciales previos ni las páginas de un libro. Así ha sido siempre. Y los mensajes y comentarios entusiastas como respuesta a un texto en Instagram me hacen igual de feliz que los mensajes y comentarios entusiastas por mi libro. Así que quizá no me importa tanto ser escritora, mientras haya alguien en el mundo que quiera leerme. Me gusta hacer muchas cosas pero, al final, lo que más me gusta hacer es esto. En Instagram hay un límite de 2.200 caracteres. Me hice un blog porque quería poder pegarme mis mucho textos en paz.